Trabajar 15 horas al día es un riesgo para tu empresa

22 feb, 2026 Paco Álvarez Desarrollo Personal autoconocimiento
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Vamos a decirlo sin adornos: echar 15 horas al día no es compromiso. Muchas veces es desorden, miedo, ego, o una mezcla peligrosa de los tres.

Y lo peor es que encima se vende como virtud. Como si estar reventado fuera sinónimo de ser valioso.

No. Estar reventado suele ser sinónimo de que tu sistema está roto.

El mito moderno: “si me quedo más, soy mejor”

En muchas empresas hay una religión silenciosa:

Eso no es cultura de rendimiento. Eso es cultura de desgaste.

Y una cultura de desgaste produce exactamente lo que imaginas:

La realidad que nadie quiere mirar: quemarte no solo te rompe a ti, también rompe tu entorno

Cuando alguien se quema, no se quema en silencio. Se nota:

Y entonces pasa la paradoja más bestia: la persona que “trabaja más” termina rindiendo menos… y generando más problemas.

En casa es igual, pero peor. Porque el trabajo te paga. Tu familia no. Y aun así es la que paga el precio.

“Pero es que tengo muchísimo trabajo”

Perfecto. Bienvenido al mundo. Ahora, lo importante: tener mucho trabajo no justifica vivir como una vela que se consume.

Aquí es donde yo soy muy claro con la gente de mi equipo:

“Cumple tu horario. Y cuando lo cumplas, me da igual lo que haya pendiente: vete. Desconecta. Haz deporte. Vive. No quiero a nadie quemado.”

¿Por qué? Porque es lo más pragmático del mundo.

Una persona quemada:

Y la empresa, que cree que “aprieta para ganar”, al final pierde:

El burnout no es una medalla. Es un fallo de gestión. A veces personal. A veces organizativo. A veces los dos.

La trampa del “imprescindible”: el ego con traje de responsabilidad

Otra bofetada útil: mucha gente no echa horas por trabajo. Echa horas por una necesidad emocional.

La narrativa suele ser:

Traducción: si soy imprescindible, valgo.

Pero la vida adulta tiene un recordatorio cruel y liberador: en la mayoría de empresas, eres más prescindible de lo que crees.

Duele. Sí. Pero cura. Porque te obliga a hacer lo inteligente:

El “imprescindible” no es un héroe. Muchas veces es un cuello de botella con complejo de salvador.

Horas ≠ rendimiento: tu cerebro no es una máquina de vending

El rendimiento no se fabrica a base de “más tiempo”. Se fabrica a base de:

Si tu energía está en rojo, tu trabajo es basura, aunque lo hagas 12 horas.

Porque cuando estás agotado:

Y luego dices: “tengo que echar más horas”.

No. Lo que tienes que hacer es dejar de trabajar como si tu cansancio no tuviera consecuencias.

El equilibrio no es “buenismo”: es estrategia

Tener vida fuera del trabajo no te hace menos profesional. Te hace más peligroso (en el buen sentido).

Cuando tú duermes bien, entrenas, desconectas y estás con los tuyos:

Y esto es clave: la estabilidad emocional es una ventaja competitiva. Casi diría que es un must para cualquier equipo de trabajo. Lo contrario...problemas...y ninguno de corte menor.

Un equipo no necesita gente que “se deje la vida”. Necesita gente que sostenga el rendimiento sin romperse.

“¿Y cómo se hace eso en la práctica?”

Sin postureo. Con reglas.

1) Hora de salida real

Define tu hora. Y cúmplela como si fuera sagrada. Si hoy te quedas “un ratito” y mañana también, en dos semanas tu horario será una leyenda urbana. Y esto, y lo he visto infinidad de veces en mi carrera profesional, acaba en problemas profesionales y personales, tampoco ninguno de corte menor.

2) Cierre de jornada (ritual de 10 minutos)

Antes de irte:

Te vas con control. No con ansiedad. Le dices a tu cerebro: "tengo el trabajo bajo control"

3) No negociables fuera del trabajo

Si no tienes no negociables, el trabajo se come el resto.

Ejemplos:

No es “autocuidado”. Es mantenimiento preventivo. Y repito, es inegociable. Déjate de excusas y hazlo sí o sí.

4) Aprende a decir “no” sin drama

Decir “no” no es rebeldía. Es gestión de capacidad.

“Ahora mismo no puedo asumir eso sin romper otra cosa. ¿Qué priorizamos?”

Esa frase es oro. Porque vuelve el control a la realidad: los recursos son finitos. No intentes hacerte el superman, que luego las consecuencias te harán recordar la oportunidad que tuviste de decir que no...

La conclusión que a muchos les cuesta aceptar

La empresa no se beneficia de que trabajes 15 horas. Se beneficia de que rindas bien durante años.

Y tú no te beneficias de sacrificar tu vida personal por demostrar compromiso. Porque un día te das cuenta de algo muy simple:

Cierre con pregunta incómoda (de las que sirven):

Si sigues a este ritmo durante 12 meses…
¿vas a ser más valioso para tu empresa… o vas a estar más roto?
¿vas a ser mejor pareja, mejor padre, mejor hijo, mejor amigo… o vas a ser un fantasma con ojeras?
¿te estás esforzando… o te estás destruyendo con la excusa del esfuerzo?

Porque el rendimiento sostenible no es sexy. Pero es el único que funciona.

Y si alguien te vende lo contrario, no te está motivando. Te está preparando para quemarte.