Trabajar 15 horas al día es un riesgo para tu empresa
Vamos a decirlo sin adornos: echar 15 horas al día no es compromiso. Muchas veces es desorden, miedo, ego, o una mezcla peligrosa de los tres.
Y lo peor es que encima se vende como virtud. Como si estar reventado fuera sinónimo de ser valioso.
No. Estar reventado suele ser sinónimo de que tu sistema está roto.
El mito moderno: “si me quedo más, soy mejor”
En muchas empresas hay una religión silenciosa:
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El que se queda más, “tira del carro”
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El que se va a su hora, “no está implicado”
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El que dice “no puedo”, “no da la talla”
Eso no es cultura de rendimiento. Eso es cultura de desgaste.
Y una cultura de desgaste produce exactamente lo que imaginas:
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Errores tontos que salen caros
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Mal ambiente
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Equipos tensos
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Decisiones malas
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Rotación
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Gente que “cumple” pero sin alma
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Líderes que parecen héroes… hasta que se convierten en un problema
La realidad que nadie quiere mirar: quemarte no solo te rompe a ti, también rompe tu entorno
Cuando alguien se quema, no se quema en silencio. Se nota:
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Llegas con mala cara (y la mala cara contagia)
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Te vuelves irritable (y la irritabilidad dinamita equipos)
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Pierdes paciencia (y sin paciencia no hay liderazgo, solo órdenes)
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Pierdes claridad mental (y sin claridad empiezas a “mover cosas” sin avanzar)
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Te vuelves reactivo (todo es fuego, todo es drama, todo es urgente)
Y entonces pasa la paradoja más bestia: la persona que “trabaja más” termina rindiendo menos… y generando más problemas.
En casa es igual, pero peor. Porque el trabajo te paga. Tu familia no. Y aun así es la que paga el precio.
“Pero es que tengo muchísimo trabajo”
Perfecto. Bienvenido al mundo. Ahora, lo importante: tener mucho trabajo no justifica vivir como una vela que se consume.
Aquí es donde yo soy muy claro con la gente de mi equipo:
“Cumple tu horario. Y cuando lo cumplas, me da igual lo que haya pendiente: vete. Desconecta. Haz deporte. Vive. No quiero a nadie quemado.”
¿Por qué? Porque es lo más pragmático del mundo.
Una persona quemada:
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Rinde peor
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Se equivoca más
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Se vuelve más emocionalmente inestable
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Consume más energía del equipo
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Crea fricción
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Baja el estándar sin darse cuenta
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Acaba pidiendo una baja… o acaba yéndose
Y la empresa, que cree que “aprieta para ganar”, al final pierde:
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Productividad real
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Talento
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Clima
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Continuidad
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Reputación interna
El burnout no es una medalla. Es un fallo de gestión. A veces personal. A veces organizativo. A veces los dos.
La trampa del “imprescindible”: el ego con traje de responsabilidad
Otra bofetada útil: mucha gente no echa horas por trabajo. Echa horas por una necesidad emocional.
La narrativa suele ser:
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“si no lo hago yo, esto no sale”
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“yo tengo que estar”
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“yo soy el que sostiene”
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“yo soy el responsable”
Traducción: si soy imprescindible, valgo.
Pero la vida adulta tiene un recordatorio cruel y liberador: en la mayoría de empresas, eres más prescindible de lo que crees.
Duele. Sí. Pero cura. Porque te obliga a hacer lo inteligente:
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Documentar
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Delegar
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Formar a otros
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Crear sistemas
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Dejar de ser cuello de botella
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Construir un equipo que funcione sin estar tú de guardia 24/7
El “imprescindible” no es un héroe. Muchas veces es un cuello de botella con complejo de salvador.
Horas ≠ rendimiento: tu cerebro no es una máquina de vending
El rendimiento no se fabrica a base de “más tiempo”. Se fabrica a base de:
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Enfoque
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Energía
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Descanso
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Claridad
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Límites
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Prioridades
Si tu energía está en rojo, tu trabajo es basura, aunque lo hagas 12 horas.
Porque cuando estás agotado:
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Confundes urgencia con importancia
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Te dispersas
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Tardas más en todo
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Postergas decisiones
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Abres veinte frentes y no cierras ninguno
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Respondes peor
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Negocias peor
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Lideras peor
Y luego dices: “tengo que echar más horas”.
No. Lo que tienes que hacer es dejar de trabajar como si tu cansancio no tuviera consecuencias.
El equilibrio no es “buenismo”: es estrategia
Tener vida fuera del trabajo no te hace menos profesional. Te hace más peligroso (en el buen sentido).
Cuando tú duermes bien, entrenas, desconectas y estás con los tuyos:
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Piensas más rápido
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Decides mejor
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Gestionas conflictos con más templanza
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Tienes más creatividad
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Toleras mejor la presión
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Trabajas con más foco
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Eres más estable emocionalmente
Y esto es clave: la estabilidad emocional es una ventaja competitiva. Casi diría que es un must para cualquier equipo de trabajo. Lo contrario...problemas...y ninguno de corte menor.
Un equipo no necesita gente que “se deje la vida”. Necesita gente que sostenga el rendimiento sin romperse.
“¿Y cómo se hace eso en la práctica?”
Sin postureo. Con reglas.
1) Hora de salida real
Define tu hora. Y cúmplela como si fuera sagrada. Si hoy te quedas “un ratito” y mañana también, en dos semanas tu horario será una leyenda urbana. Y esto, y lo he visto infinidad de veces en mi carrera profesional, acaba en problemas profesionales y personales, tampoco ninguno de corte menor.
2) Cierre de jornada (ritual de 10 minutos)
Antes de irte:
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Lista de 3 prioridades de mañana
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1 cosa bloqueante que debes resolver primero, a primera hora, cuando estás más fresco
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1 mensaje o delegación clave para que no te explote algo
Te vas con control. No con ansiedad. Le dices a tu cerebro: "tengo el trabajo bajo control"
3) No negociables fuera del trabajo
Si no tienes no negociables, el trabajo se come el resto.
Ejemplos:
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45 min de deporte, 3-4 días/semana
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Cena sin móvil
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Una caminata
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Leer
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Tiempo con tus hijos / pareja de verdad
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Terapia / reflexión / journaling (llámalo como quieras)
No es “autocuidado”. Es mantenimiento preventivo. Y repito, es inegociable. Déjate de excusas y hazlo sí o sí.
4) Aprende a decir “no” sin drama
Decir “no” no es rebeldía. Es gestión de capacidad.
“Ahora mismo no puedo asumir eso sin romper otra cosa. ¿Qué priorizamos?”
Esa frase es oro. Porque vuelve el control a la realidad: los recursos son finitos. No intentes hacerte el superman, que luego las consecuencias te harán recordar la oportunidad que tuviste de decir que no...
La conclusión que a muchos les cuesta aceptar
La empresa no se beneficia de que trabajes 15 horas. Se beneficia de que rindas bien durante años.
Y tú no te beneficias de sacrificar tu vida personal por demostrar compromiso. Porque un día te das cuenta de algo muy simple:
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El trabajo sigue
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Los correos siguen
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Las urgencias cambian de nombre
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Y tu vida… se te ha ido por el desagüe
Cierre con pregunta incómoda (de las que sirven):
Si sigues a este ritmo durante 12 meses…
¿vas a ser más valioso para tu empresa… o vas a estar más roto?
¿vas a ser mejor pareja, mejor padre, mejor hijo, mejor amigo… o vas a ser un fantasma con ojeras?
¿te estás esforzando… o te estás destruyendo con la excusa del esfuerzo?
Porque el rendimiento sostenible no es sexy. Pero es el único que funciona.
Y si alguien te vende lo contrario, no te está motivando. Te está preparando para quemarte.
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