RESEÑA
La bailarina de Auschwitz es un libro que te deja sin excusas. No porque sea “bonito” (no lo es), sino porque está escrito desde un lugar donde la vida se rompe de verdad… y aun así alguien decide reconstruirse.
Edith Eger cuenta su historia en primera persona: era una adolescente húngara, judía, con formación en danza y gimnasia, cuando en 1944 la deportaron a Auschwitz junto a su familia. Allí perdió a sus padres nada más llegar y vivió el sistema de humillación y terror que definió el campo. Uno de los episodios más conocidos de su testimonio es que el doctor Josef Mengele la obligó a bailar, en una escena que retrata con crudeza lo absurdo y lo monstruoso de ese poder.
Pero el libro no se queda solo en “lo que pasó” (que ya sería suficiente). Lo que lo hace especial es lo que viene después: cómo esa chica que salió viva del infierno acaba convirtiéndose, años más tarde, en psicóloga y terapeuta, y cómo utiliza su propia experiencia para hablar de trauma, culpa, miedo y, sobre todo, de una idea central: aunque no puedas elegir lo que te ocurre, sí puedes intentar elegir qué haces con ello a partir de ahí.
En mi lectura, es un libro bien hilado y con un mensaje muy emotivo. Emotivo de verdad, sin azúcar. Te hace pensar en lo esencial: la dignidad, la bondad mínima en medio del horror, la fuerza de un vínculo (su relación con su hermana aparece como un ancla) y ese tipo de esperanza que no tiene nada de ingenua porque nace en el peor sitio posible.
No es una lectura “agradable”. Es una lectura necesaria: por memoria histórica, por humanidad y porque, cuando terminas, hay frases e imágenes que se te quedan pegadas a la piel.
AUTOR
Edith Eger
AÑO DE PUBLICACIÓN
2018
NÚMERO DE PÁGINAS
416
ISBN
978-8408180906
EDITORIAL
Planeta
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